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EL ANKOU

El Ankou, en la tradición bretona, es el heraldo o servidor de la muerte (oberour ar maro), no la muerte en si misma. No está del todo claro de donde proviene su nombre aunque esta relacionado con los vocablos bretones “Anken” (angustia y pena)  y “Ankounac´h ” (olvido).

Posee función de psicopompo (del griego ψυχοπομπóς “el que guía o conduce las almas”) el Ankou recoge las almas de los fallecidos y las transporta en su carro desvencijado (“karr an Ankoù”, carro del Ankou en bretón), tirado por dos caballos, uno de ellos viejo y débil y el otro joven y fuerte (en otras versiones de la leyenda son cuatro caballos negros), hacia el más allá. El carro esta cargado de piedras que tira cuando un alma nueva sube al vehículo. Es por ello que cuando se oye un traqueteo de piedras, Ankou está cerca. Lo mismo ocurre cuando se escucha el sonido chirriante del carro (“wig ha wag!”) que es señal inequívoca de que él mismo o alguien próximo a él no tardará en morir. También se dice que todo aquel que vea al Ankou morirá en el transcurso de ese año.

El Ankou es descrito a menudo como un anciano de largos cabellos blancos muy alto y extremadamente viejo y delgado (de apariencia cadavérica o incluso a veces como un esqueleto) que porta un largo abrigo, zapatos de madera y un sombrero de ala ancha de fieltro negro que oculta parte de su rostro.

Otros lo describen como a un esqueleto envuelto en un sudario, cuya cabeza gira constantemente sobre sí misma en lo alto de la columna vertebral para así poder vigilar toda la región que se le ha ordenado recorrer y ver todo lo que ocurre a su alrededor. De esta manera, puede acudir sin tardanza cuando alguien fallece.
En uno y otro caso, el Ankou tiene en la mano una guadaña que difiere de las guadañas normales en que su hoja está vuelta hacia afuera y no hacia dentro. De este modo el Ankou no la hace regresar a él cuando siega; contrariamente al uso de todos los segadores de heno y cosechadores de trigo, él la arroja hacia adelante.

Según Anatole Le Braz, El último fallecido del año en una parroquia cualquiera se convierte en el Ankou de esa parroquia durante el año siguiente. Si en un año determinado hay más defunciones de lo habitual, se dice del Ankou:

War ma fé, heman zo eun Anko drouk (“Cielo santo, éste es un Ankou cruel”).

Cuenta una historia sobre el Ankou que existió un príncipe (en otras versiones simplemente un terrateniente), de carácter cruel y vengativo, tan temerario que se atrevió a retar al Ankou.

Ocurrió que el príncipe salió de cacería la víspera de la Navidad, la noche en la que se dice que el Ankou también sale a cazar y se asegura de que los ancestros sean recordados y honrados como es debido. El príncipe encontró pronto un venado blanco al que comenzó a perseguir. Sin embargo, no había pasado mucho tiempo cuando se topó con un ser espectral todo vestido de negro que montaba un caballo blanco, el cual, sin embargo al príncipe le pareció un hombre, al fin y al cabo.
Furioso por no saber quien era aquel extraño que al parecer también estaba cazando aquella noche en sus dominios, el príncipe lo retó a cazar antes que él al venado. El premio no sería solo el animal sino que el ganador decidiría el destino de su contrincante.

Pronto estuvo claro que el caballo mortal del príncipe era mucho mas lento y el extraño derribó al venado de un solo golpe, tras lo cual el príncipe, enojado, mandó a sus hombres que lo rodeasen, riendo y diciendo que así aquella noche se cobraría dos piezas en lugar de una.
El extraño lanzó entonces una carcajada de ultratumba que borró todo rastro de chanza del rostro del príncipe, tras lo cual sentenció:

“Puedes quedarte la pieza, y con ella, toda la muerte del mundo. Si tu placer es cazar entonces así lo harás: a través del campo de batalla, en las peores plagas, deberás cazar los corazones como tus trofeos, hombre estúpido. Y todos tus tratos serán con lo podrido”.

 

Así el príncipe se convirtió a partir de ese momento en el propio Ankou.

Se dice que, durante la víspera de la Navidad, a la cual los bretones llaman “Nuit des Marvelles” (“Noche de las Maravillas”), el Ankou roza con su capa a aquellos que no llegarán con vida al final del año.

La triste historia del herrero Fanch ar Floc’h también refleja la antigua creencia asociada al Ankou sobre el peligro de salir durante la víspera de la Navidad o no celebrarla adecuadamente, pues ocurrió que el herrero Fanch ar Floc’h se quedó trabajando ese día hasta tarde, de modo que aun se encontraba en su taller cuando sonaron las campanadas de la medianoche, momento en que recibió la visita de un extraño que le pidió que reparase su guadaña. Sin sospechar que se trataba del mismísmo Ankou, Fanch ar Floc’h realizó el que sería su último trabajo pues a la mañana siguiente estaba muerto. Algunas leyendas atribuyen al Ankou dos cómplices o compañeros, quienes a menudo también son descritos como esqueletos.

Así, otra vieja historia bretona cuenta como un hombre de Tézélan escuchó a lo lejos el traqueteo de un carro y, reconociéndolo como el del Ankou, decidió esconderse tras unos arbustos de avellano para poder ver sin ser visto. Sin embargo al llegar a la altura de donde se escondía el hombre el carro se paró repentinamente, pues uno de sus ejes se había roto, y uno de los compañeros del Ankou se apeó y se dispuso a arreglarlo, acercándose peligrosamente al lugar donde se escondía el hombre. Éste pensó que había llegado su momento, y sin embargo, tras reparar el eje, el acompañante del Ankou volvió a montarse en el carro y la siniestra comitiva se alejó, dejando al hombre suspirando de alivio en su escondite…aunque no por mucho tiempo, pues a la mañana siguiente lo encontraron muerto.

Otra historia similar cuenta que en una ocasión tres amigos ebrios regresaban a sus respectivos hogares cuando vieron venir hacia ellos un carro desvencijado que reconocieron como el del Ankou. Envalentonados por el efecto de la bebida, dos de ellos comenzaron a tirarle piedras, con lo cual los caballos se encabritaron y el eje de una de las ruedas se rompió, tras lo cual los dos borrachos escaparon.

Sin embargo el tercero de ellos, sintiéndose mal por lo que sus amigos habían hecho, venció su miedo al Ankou y, tras buscar un rama, reparó con ella el eje roto y lo ató al carro con los cordones de sus zapatos. El Ankou se lo agradeció con un movimiento de cabeza y reanudó su marcha, como si el carro nunca se hubiese roto.

Al día siguiente los dos primeros borrachos habían muerto congelados en la nieve, mientras que el tercero regresó a su casa sano y salvo, aunque tras aquella noche, sobre la que nunca quiso hablar, envejeció diez años de golpe y sus cabellos se volvieron completamente blancos.

A pesar del temor que en general inspira la figura del Ankou, éste no era considerado un ser maléfico. Esta vieja balada lo define claramente:

Vieux et jeunes, suivez mon conseil. (Viejos y jóvenes seguid mi consejo)
Vous mettre sur vos gardes est mon dessein; (Poneros en guardia es mi intención)
Car le trépas approche, chaque jour, (porque el óbito se acerca, cada día)
Aussi bien pour l’un que pour l’autre. (tanto para unos como para otros)

Qui es-tu ? dit le jeune garçon, (¿Quién eres tú? dice el joven)
A te voir j’ai frayeur. (Al verte siento espanto)
Terriblement tu es maigre et défait ; (Eres terriblemente flaco y decrépito)
Il n’y a pas une once de viande sur tes os ! (¡No hay una onza de carne sobre tus huesos!)
C’est-moi, l’Ankou, camarade ! (¡ Soy el Ankou, camarada!)
C’est moi qui planterai ma lance dans ton coeur; (Soy yo el que plantaré mi lanza en tu corazón)
Moi qui te ferai le sang aussi froid que le fer ou la pierre ! (yo, el que hará que tu sangre sea tan fria como el hierro o la piedra)
Je suis riche en ce monde ; (Soy rico en este mundo)
Des biens, j’en ai à foison ; (Bienes, tengo en abundancia)
et si tu veux m’épargner, (y si quieres escatimarme)
Je t’en donnerai tant que tu voudras. (te daré tanto como quieras)
Si je voulais écouter les gens, (Si quisiera escuchar a la gente)
accepter d’eux un tribut, (aceptar de ellos un tributo)
qu’un demi-denier par personne, (medio denario por persona)
je serais opulent en richesses ! (seria opulento en riquezas)
Mais je n’accepterai pas une épingle, (Pero no aceptaré ni un alfiler)
Et je ne ferai grâce à nul chrétien, (Ni perdonaré a ningún cristiano)
Car , ni à jésus, ni à la Vierge, (Porque ni siquiera a Jesús, o a la Virgen)
Je n’ai fait grâce même. (Les concedí mi gracia)
Autrefois, les “pères anciens”  (En otro tiempo, los “padres antiguos”)
Restaient neuf cent ans sur la brèche. (Permanecían novecientos años sobre la tierra)
Et cependant, vois, ils sont morts, – (Y sin embargo, ves, están muertos)
Jusqu’au dernier, voici longtemps ! (Hasta el último de ellos ¡hace mucho tiempo!)
Monseigneur saint Jean, l’ami de Dieu ; (Monseñor San Juan, el amigo de Dios)
Son père Jacob, qui le fut aussi ; (su hijo Jacob, que también lo fue)
Moïse, pur et souverain ; (Moisés, puro y soberano)
Tous, je les ai touchés de ma verge. (A todos los toqué con mi vara)

Pape ni cardinal je n’épargnerai; (Ni a papas ni a cardenales salvaré)
Des rois (je n’en épargnerai) pas un, (De los Reyes [no salvaré] ni a uno)
Pas un roi, pas une reine, (Ni a un rey, ni a una reina)
Ni leurs princes, ni leurs princesses. (Ni a sus príncipes ni  a sus princesas)
Je n’épargnera archevêque, évêque, ni prêtres, (No salvaré a arzobispos, obispos ni sacerdotes)
Nobles gentilshommes ni bourgeois, (Nobles, gentilhombres ni burgueses)
Artisans ni marchands, (Artesanos ni mercaderes)
Ni pareillement, les laboureurs. (Ni, igualmente, a los labradores)

Il y a des jeunes gens de par le monde, (Hay jóvenes por el mundo)
qui se croient nerveux et agiles ; (que se consideran vigorosos y ágiles)
Si je me rencontrais avec eux, (Si me encontrase con ellos)
Ils me proposeraient la lutte. (me propondrían un duelo)
Mais ne t’y trompe point, l’ami ! (¡Pero no te equivoques amigo!)
Je suis ton plus proche compagnon, (Yo soy tu compañero más cercano)
Celui qui est à ton côté, nuit et jour,(Aquel que está contigo día y noche)
N’attendant que l’ordre de Dieu. (Esperando la orden de Dios)
N’attendant que l’ordre de Père Eternel ! …Pauvre pécheur, je te viens appeler. (¡Solamente esperando la orden del Padre Eterno!…Pobre pecador, vengo a llamarte)
C’est moi l’Ankou, dont on ne se rachète point ! (Yo soy el Ankou, del que no hay salvación)
Qui se promène invisible à travers le monde ! (¡Que se pasea invisible a través del mundo!)
Du haut du Ménez, d’un seul coup de fusil, (Desde lo alto de Ménez, de un solo tiro de fúsil)
Je tue cinq mille hommes en un tas ! (mato a cinco mil hombres de una sola vez)

 

“Ballade de l´Ankou”, “La Légende de la Mort” de Anatole le Braz

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