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LA PARADOJA DE EPICURO

 

Vemos a diario, como creyentes y personas que se sienten afines y cercanas a nuestras concepciones religiosas, se encuentran desorientadas y superadas ante ciertos acontecimientos a los que el propio devenir de la vida las somete. Es por ello que vamos a intentar en este artículo, procurar un acercamiento a las Deidades desde la óptica Druídica.

Para evitar posteriores reproches, apuntar desde el minuto 0 que cuando denominamos generalmente Druidismo, no estamos intentando apropiarnos de la riqueza de la concepción Druídica y que esta hace referencia a nuestra propia Tradición. Supongo que con este aviso, muchas conciencias se verán aliviadas. De todas maneras apuntar también, que si bien no intentamos homogeneizar la concepción Druídica, lo que exponemos suele ser pensamiento común de buena parte de Ordenes Europeas (y Canadienses) serias en sus concepciones e indudablemente reputadas y que poseen ya un largo camino recorrido. Advertido lo cual, entraremos en materia.

Cuando se recuerda a los creyentes que no es fácil desprenderse de los conceptos religiosos asumidos por la presencia cristiana/católica en nuestras vidas, solemos encontrarnos respuestas como que no nos preocupemos, que ellos no han sido nunca personas religiosas, que en su familia tampoco ha existido esta presión, que son librepensadores, que no son en absoluto creyentes católicos dado que no asumen sus dogmas, que no van a misa, que nunca han practicado sus ritos y obligaciones, que no están bautizados, que es una cosa que tienen superada, etc. Explican que todos estos trazos, si bien fundamentales, no forman parte de su ser y se olvidan que durante 2.000 años, un cristianismo, primero moral y luego cada vez más social, ha ido impregnándolo todo, poco a poco, hasta empapar por completo nuestro ser y nuestra mente. Creer que el cristianismo no nos afecta, es una temeridad y una insensatez. Para bien y para mal, la realidad que vivimos ha sido forjada en buena parte, por esta creencia religiosa. Primero en Occidente y luego ‘gracias’ a la misiones y a los movimientos migratorios en todo el Mundo de una forma global.

Así que a todos los que nos tenemos por muy paganos, recordad: El Cristianismo forma parte de nosotros, de nuestro pensar más inconsciente y de buena parte de nuestras relaciones sociales y morales. Asumirlo es la primera etapa para trascender el mismo hacia otra apreciación religiosa muy diferente.

No es pues de extrañar, que desde la perspectiva de los nuevos creyentes se tienda a buscar respuestas y reflexiones ante las vicisitudes de la Vida que en su base son ‘muy cristianas’ aunque no nos apercibamos de ello. Tendemos a asumir el cambio de Religión como el que se cambia de ropa. Dejamos la camisa y la corbata para ponernos una camiseta con un triskel estampado y no nos damos cuenta que seguimos buscamos respuestas o definimos nuestras actuaciones en base a lo que haría un creyente cristiano. Intentaremos pues, desde estas líneas, aportar la visión teológica que deberían incorporar los creyentes a su propia existencia.

Recordar también, lo que siempre se ha apuntado sobre el Politeísmo y la Religión Druídica. El Politeísmo no es el cambio de un Dios, por X Minidioses o por copias variopintas y peculiares del mismo Dios cristiano. Creemos en la existencia de múltiples Dioses o divinidades y no entendemos a dichas Deidades como una simple diferencia de denominación, como una lista de apodos o pseudónimos, todos igualmente válidos, que plasmen un mismo concepto teológico o un Dios único sino que se trata de diversos Dioses con características individuales claramente identificables.

Precisamente esta idea fundamenta la tolerancia y el antiproselitismo del Politeísmo ya que la coexistencia de Deidades, las cuales cada una puede ser más o menos venerada por sus creyentes, establece una normalidad en la diversidad de creencia allí donde otros verían una competencia y una traición hacia su Dios. En el politeísmo cada deidad puede ser honrada e invocada de manera individual dependiendo de los aspectos que se le atribuyan.

Abordemos pues uno de los temas más complejos y que más incide y condiciona la religiosidad del creyente capitalizando no pocas de sus dudas, el problema del mal o la llamada Paradoja de Epicuro. Esta consiste en el planteamiento del problema que aparece al intentar conciliar la existencia del mal en el mundo con la existencia de una/s Deidad o Deidades omnisciente/s, omnipresente/s, omnipotente/s y omnibenevolente/s.

Epicuro escribió en el siglo III a.C.: “O bien Dios quiere quitar los males y es incapaz de hacerlo, o puede hacerlo pero no quiere; quizás ni quiere ni puede, o tal vez quiere y puede. Si quiere pero no puede, es débil, lo cual no concuerda con su carácter; si puede pero no quiere, es envidioso, algo que también está en desacuerdo con él; si no quiere ni puede, es tanto débil como envidioso, y por lo tanto no es Dios, pero si quiere y puede, que es lo único que resulta apropiado para Él, ¿de dónde vienen entonces los males?, o ¿por qué no los quita?”

Es decir, si existe un Dios/es todopoderoso/s el mismo puede ordenar el Mundo y la presencia del Mal según sus intenciones. Dado que dicho mal existe, inferimos que es voluntad de dicho/s Dios/es que el mismo exista en el mundo y si eso es así, la conclusión es que entonces o no sería absolutamente bueno o no sería omnisciente, dado que no tendría conocimiento de todo el sufrimiento del mundo, o no sería todopoderoso, ya que no puede procurar la eliminación de dicho mal en el mundo.

Como vemos, este razonamiento es antiguo y no propiamente cristiano. Relata la paradoja del creyente sometido ante fuerzas que le sobrepasan y hacia las cuales se acerca intentando comprender. En los Dioses buscamos consuelo, ayuda, protección, prosperidad y tendemos a su humanización como forma de aprehensión de su esencia. Atribulados por esta paradoja no entendemos como aquellos a los que oramos no hacen nada para recompensar nuestra devoción.

Posiblemente, antes de intentar acercarnos a las Deidades deberíamos variar nuestra concepción sobre el Mal. Por ejemplo, tanto en el hinduismo (de cuyas raíces védicas e indoeuropeas bebe actualmente el Druidismo, tal y como lo entendemos) como en el Budismo nacido de él, el mal es entendido como una ilusión, una percepción. El hombre percibe como mal lo que no lo es, empeñándose en que el sufrimiento es algo real cuando no lo es. Desde este punto de vista, el mal es un simple producto de una percepción errónea, no algo que existe realmente. La diferenciación entre el bien y el mal depende pues del punto de vista moral y en cada persona, esta diferenciación puede variar. Lo que para uno es bueno para otro puede ser malo.

Esto conlleva a determinar que realmente, nada es tan malo, ni nada es tan bueno. Todo está incluido en el Universo, y, en consecuencia, no hay dualidad entre Dios y el Demonio, pues, tienen la misma cara. Ante esta indeterminación ‘per se’ de la maldad o de la bondad, comprendemos que todas las cosas son necesarias y que donde debe recaer nuestra atención no es en las etiquetas sino en la acción llevada a cabo. Ligando este concepto de acción propiamente física, no divina, nace la concepción del Karma como energía metafísica (invisible e inmensurable) derivada de las actuaciones y que generará las posteriores situaciones de felicidad o de dolor. Es precisamente por este motivo que tanto la paz y la alegría como la desesperación y la angustia que convierten nuestra realidad en infierno o paraíso (nos apropiamos de estos términos cristianos dado que son fácilmente reconocibles por la mente de todos nosotros) dependerán en definitiva de nuestras acciones.

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No pretendemos resolver con este escrito y de forma tan banal, una paradoja filosófica que lleva activa milenios. Ni somos filósofos excelsos, ni nuestra presunción o ego es tan desmesurado como para ni siquiera pretender imaginar su solución. Bueno es también, que siga activa y que nos haga recapacitar. Ciertamente todos podemos reflexionar y mediante ella, crecer, pero una vez determinado el marco, intentaremos hacer un ejercicio de concreción ya que pensamos que, en definitiva, es lo que los creyentes van a agradecer y es lo que nos demandan.

Cuando decíamos que nuestra visión está contaminada por maneras de pensar cristianas mantenidas socialmente durante milenios, nos referíamos concretamente a dos puntos.

1º A la importancia de la concepción del Mal, que exacerba la paradoja de Epicuro

2º A la incorrección de nuestra actitud en los momentos de expresión de nuestra Devoción

Atiendo al primer punto:

Recordad que en nuestra Religión, a diferencia de los Monoteísmos Abrahámicos, nuestros Dioses no son ni Omnipotentes, ni Omnibenevolentes. No es cierto que nada se mueva a sus alrededores sin su consentimiento. Las Deidades se nos presentan casi humanas. Con Gran Poder y Sabiduría, efectivamente, pero sometidos a un destino que les gobierna y acciones que no siempre obtienen el resultado esperado. Baste las lecturas de Batallas de Magh Tured para darse cuenta de ello. Hay siempre, en las Deidades Politeístas, un cierto espacio de descontrol, de azar o de destino. El mismo destino que los romanos calificaban como ‘fatum’ y determinaba el futuro de las acciones incluso de las Deidades. En el Politeísmo, los poderes fácticos de las Deidades pueden tener sus límites (empezando por los poderes asumidos por otra Deidad coexistente de su mismo panteón).

Esa falta de Absolutismo ‘Omni’, implementado en una única Deidad, la inexistencia de una Deidad que es Todo, hace menos relevante la paradoja Epicúrea. En el cristianismo, por el contrario, no se para de darle vueltas a este problema del Mal. Como decíamos, esta ausencia de Omnipotencia en nuestras Deidades, es la que nos obliga a tomar las riendas de nuestra Vida. Las Deidades nos ayudan, nos aconsejan e incluso podríamos decir que nos condicionan pues sus diferentes dones (iluminación, protección, etc) tienen como finalidad reforzarnos ante la lucha de la Vida pero NO la de luchar por nosotros. Esta idea de impotencia (relativa) en una Deidad es nueva para muchos pero por encima de todo, Deidades incluidas, existen las complejas tramas que urde el Destino y eso es algo a lo toda vida se somete.

Atiendo al segundo punto:

Como hemos dicho anteriormente, los siglos de Cristianismo e incluso la referencia casi global de las diferentes religiones Monoteístas con idénticas aptitudes y condicionamientos morales en el formato de ‘acercamiento’ hacia la Deidad, condiciona nuestra relación espiritual hacia ellas. Es por ello que no siempre comprendemos o accedemos correctamente a nuestras Deidades y es frecuente encontrar en el pensamiento común de los creyentes ‘pequeños monoteísmos’ hacia cada una de ellas, a las cuales devocionamos por separado, olvidando que sus prerrogativas y formas de interceder en nuestro Mundo, así como sus necesidades o sus requisitos son diferentes a los que identifica al Dios Único.

Para intentar concretar las inquietudes que puede sufrir un creyente, responderemos a una serie de preguntas que no por arquetípicos y repetidas son menos reales. Nos basaremos en una serie de cuestiones reales que nos plantea un creyente y buen amigo de manera abierta y pública en la Red Social, por lo que entendemos que dicho texto no está sujeto a ninguna privacidad. Agradecemos desde aquí su estima al hacernos partícipes de sus dudas y conflictos. Nada nos hubiera gustado más que poder subsanar su angustia. Esperamos que con el tiempo recobre la paz y el equilibrio en su Vida. Desde estas líneas vaya nuestro abrazo y nuestro cariño inamovible.

1º “No hay respuestas de los Dioses a mis ofrendas, plegarias y rezos, dándome cuenta de que en el pasado realmente tampoco las hubo.”

No nos cansaremos de recordar a todos que cuando se realizan ofrendas a las Deidades, plegarias y rogativas no para honrarlas, sino para buscar su mediación y apoyo, no siempre se obtendrá la concesión de lo pedido y ello no tiene porqué ser debido a su caprichosa voluntad.

Deberíamos sinceramente preguntarnos qué respuesta esperamos de los Dioses y si la misma no es la típica respuesta que durante 2.000 años ha sido aguardada, tras la inculcación religiosa, por los creyentes que le rezaban al Dios Único, a Jesús, o a cualquiera de las múltiples vírgenes o santos.

Ciertamente, desde los albores de la humanidad y no solo desde el Cristianismo, en multitud de ocasiones los creyentes nos hemos dirigido a las Deidades buscando amparo, protección y prosperidad. Pero ello es debido a nuestra flaqueza humana, no a la certitud de lo que debería ser.

Comprendamos que los Dioses no están para ejercer nuestra voluntad. No son trasuntos de ‘genios’ a los que pedimos deseos o compramos con ofrendas. En definitiva; Se ha hecho, sí. Se hace, sí. Es común en muchas religiones, sí pero…¿es correcto?. Y aquí es cuando, siempre desde nuestra perspectiva Druídica, respondemos: “pues NO. No es muy correcto” aunque, eso sí, sea muy comprensible y muy humano.

Las peticiones siempre se realizan desde el particular a lo universal intentando que lo universal deje de serlo y se concentre en nuestra particularidad. ¿Por qué lo universal, lo inmenso, cuyas acciones implican a tantos, debe despreciar la amplitud para contentar lo concreto? ¿Nos paramos a pensar si es correcto lo que pedimos? Es más, ¿podemos discernir lo que es correcto de lo que no lo es, dentro de un marco de fuerzas tan universal?.

Muchas veces contemplamos a las Deidades simplemente como humanos todopoderosos. Reyes que deberían premiar a sus súbditos sin importarles el resto….Reflexionemos.

Si Arduinna ayuda a su creyente y le proporciona buena caza para que sus jabalíes alimenten a sus hijos y sobrevivan al invierno, no sería normal pensar que dichos jabalíes, que están bajo su advocación y protección permanente, que la honran a diario simplemente por ser quienes son, jabalíes del bosque, estarían siendo traicionados por su Diosa, aquella que debe protegerlos de cualquier mal, sin haber hecho ellos nada para merecerlo?. Si muere el gran jabalí que protege a su clan acaso eso no sería un quebranto y un sufrimiento para esa ‘tribu’ de jabalíes?. ¿Qué tiene mayor importancia para la Diosa? ¿Nosotros o ellos? ¿Y porque?. Esto, que es un mero ejemplo y ciertamente simplista, lleva en su interior el concepto que intentábamos explicar anteriormente. Existen muchas reacciones a una acción que no valoramos y que desconocemos. En la inmensa telaraña de la vida…¿cual es el hilo que es licito cortar y cual el camino que no debe recorrerse?

Por ello, cuando decimos que las Deidades no nos escuchan….¿estamos seguro de ello? o ¿la sordera, simplemente, les es asignada ante la insatisfacción de nuestros deseos, necesidades o expectativas?.

2º “El momento que me ha tocado vivir es desalentador y no abriga muchas esperanzas: un evidente deterioro de la naturaleza, un homicida fanatismo religioso, conflictos y tensiones entre los países, una corrupción que no cesa …, y frente a todo esto un espantoso silencio de los Dioses o del Dios

¿De verdad pensamos que los Dioses deberían hablar?. ¿Imaginamos a nuestros Dioses como una ‘fotocopia’ del Dios de los Judíos que se levanta vengador para aniquilar a los ‘malvados’?. Y lo más importante, sí así fuera… ¿quienes son los malvados?. En el caso de los monoteísmos Abrahámicos está claro, aquellos que oprimen a su rebaño, su pueblo elegido…

Los creyentes Druídicos no son rebaño de ninguna Deidad. Nuestros dioses nos pueden acompañar, aconsejar y proteger hasta un límite, pues las decisiones son solo nuestras y nuestras son las consecuencias de nuestros actos. Pensar que los Dioses se levantaran de sus Mundos para intervenir y ordenar el nuestro, como un Padre que riñe, manda y ordena a sus hijos y que evidentemente recompone lo que estropean y lo recompone siempre según su criterio y voluntad, es no entender a las Deidades ni el Druidismo. Es una simple aplicación del más puro Abrahamanismo.

El momento que nos ha tocado vivir es tan complicado como todos. ¿Desalentador?, no lo creo. ¿ no abriga esperanzas?. Tampoco lo creo. La esperanza es el trabajo diario de la buena gente. Mientras exista ese trabajo siempre existiría esperanza. ¿El deterioro de la naturaleza, el fanatismo religioso, los conflictos y tensiones entre los países, acaso no son máximas aplicables (lamentablemente) en multitud de otros momentos de la historia?. ¿No han existido cruzadas o guerras religiosas?, ¿.no se han arrasado en toda Europa, multitud de bosques para cultivos o para construir inmensas flotas navales?. Y qué decir de la corrupción, ¿no existía corrupción en Roma o en el Renacimiento?. ¿No existía opresión en el Feudalismo, ni esclavos en las plantaciones de América? ¿No hubo acaso, niños trabajando y muriendo en las minas de carbón de Gales en el siglo XIX?……y podríamos seguir ‘ad infinitum’. Así que, ¿no estaremos acaso idealizando un pasado, celta o no es irrelevante, dada nuestra actual insatisfacción?

3º “¿para qué sirve rezar?”. Tampoco aquí hubo respuesta alguna. Únicamente el silencio, un silencio incomprensible que nos induce a pensar algo para mi ahora evidente: que nuestro pequeño planeta, situado en los arrabales de la galaxia, es invisible para los Dioses o para el Dios

Rezar es una comunión con las Deidades. Sirve para aproximarnos a ellas, a las grandes fuerzas que representan e impregnan el Mundo. El Rezo, como la meditación es un acercamiento místico, de la misma manera que lo es la Ofrenda, el Sacrificio y la Invocación.

No todo acercamiento debiera estar fundamentado por una demanda. De todas maneras, cuando lo utilizamos, nuestras súplicas y peticiones llegan donde deben llegar pero normalmente no estamos acostumbrados a escuchar a las Deidades. Los humanos solemos mantener un curioso diálogo con los Dioses. Pedimos y asumimos que la respuesta es ‘o me lo das o no me lo das’, así, sin mayor discriminación o análisis.

En lo referente al Druidismo, que es lo que nos atañe, y dejando de lado las diferentes maneras en que las otras religiones puedan abordar este tema, decir que las Deidades, como dije anteriormente, manifiestan su ayuda de manera sutil. Es decir, si pedimos ‘X’ raramente nos darán ‘X’ sino que fomentarán en nosotros las actitudes que nos pueden conducir mediante ‘nuestro esfuerzo’ a una consecución positiva que nos lleve a lograr ese ‘X’ que demandamos.

Deberíamos entender que cuando no se consigue aquello que solicitamos, una parte importante de ese mal resultado es responsabilidad nuestra y no deberíamos asumirlo como un No de los Dioses o una falta de compasión hacia nuestros problemas o de ayuda hacia nuestras necesidades.

Como hemos dicho, las Deidades se manifiestan de manera sutil en nuestro interior, en nuestros centros de poder. Nos favorecen con sus cualidades, lo cual no deja de ser un sabio consejo si lo sabemos escuchar, así que incluso podríamos decir que nos condicionan con sus dones. Mediante esta respuesta, los Dioses intentan reforzarnos ante los problemas a los cuales nos aboca la Vida, para que así luchemos mejor y ganemos nuestras batallas. Pero no olvidemos que somos nosotros los que debemos luchar y esforzarnos. Ellos no pueden luchar por nosotros. Si no sabemos aprovechar los dones que los Dioses potencian en nosotros ‘combatiremos’ mal en nuestras luchas diarias.

Independientemente de lo dicho, tampoco deberíamos olvidar que bien pudiera ser que las Deidades que desean ayudarnos (con mayor o menor sutileza) pueden habernos intentado socorrer y a pesar de ello, no haber podido pues como dijimos, la trama del destino es una corriente que arrastra incluso a las Deidades.

¿Es esta forma de manifestarse, desinterés u olvido de las Deidades hacia nosotros?. Nosotros creemos que no, que es responsabilidad del humano el afrontar de manera correcta su Vida y saber gestionar las ayudas.

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4º “El Mundo Actual, que no tiene mucho que ver con el Mundo Celta, es producto de los errores de la Humanidad. No culpo a los Dioses, pero nos han dado una libertad que ha conducido al lamentable estado de las cosas de hoy en día.”

Sí, es cierto. La humanidad ha olvidado a los Dioses, pero al menos en nuestro caso, los Dioses de la religión Druídica no imponen ninguna voluntad. De nuevo este ‘Voluntarismo Deífico’ es más propio de las Deidades Abrahámicas, aquellas a las que se le supone el deseo de organizar el Mundo a su imagen y criterio lo cual conlleva otras concepciones asociadas como la culpa, el pecado, la rebeldía y por ende el premio y el castigo que divide a los buenos de los malos, los que siguen los dictados de la Divinidad y los que no.

Todo esto es ajeno al Druidismo. Así que, ciertamente, el Mundo que tenemos es nuestro fruto y nuestra responsabilidad. Los Dioses Druídicos no están, una vez más, para solucionar nuestros errores y obviar nuestra maldad.

5º “¿Por qué hemos perdido las esencias querido amigo, por qué?

Porque nos hemos hecho insensibles a lo que no debíamos. Hemos ensordecido y no oímos aquello que deberíamos oír. No sentimos lo que deberíamos sentir. Hemos perdido el concepto de lo verdaderamente importante y fundamental, nos hemos embrutecido hasta eliminar nuestro espíritu. Hemos cambiado normas y conductas en persecución del éxito, del dinero, de la soberbia, del estrellato, de la inmediatez de la satisfacción…..Y todo ello es nuestra responsabilidad.

¿Para qué hemos usado esa libertad? Somos imperfectos, somos olvidadizos, somos ingratos.

No todo tiene porque ser malo o negativo.

La libertad que poseemos la hemos usado para Ser y no podía ser de otro modo.

Para ser grandes y para hacernos pequeños.

Para ayudar y para desatender.

Para lo más grande y para lo más mezquino.

Para dar y para acumular.

En definitiva. El ser humano es capaz de lo máximo y de lo mínimo. La libertad es tan solo el camino de la opción, y la opción es solo cosa del hombre. 

¿Por qué los Dioses no intervienen? ¿Van a esperar a que todo se extinga?¿Nos castigarán luego con el Infierno como dicen los Cristianos?

Los Dioses intervienen a diario, indistintamente de los ruegos y oraciones de unos o de otros. Y esto no podía ser de otra manera ya que los Dioses son la propia esencia del Mundo y del Universo. En cada flor que nace y en cada flor que se marchita, en cada rio que brota y en cada rio que se seca, en cada humano que enferma y en cada humano que sana, en cada guerra declarada, en cada paz firmada, en cada cosecha abundante, en cada cosecha perdida, en cada risa de satisfacción y en cada lágrima que el hambre causa. Los Dioses están ahí, en todos ellos, interviniendo de manera sutil pero firme, aportando la energía y el movimiento que cada caso demanda. Esa es la manera de ser de nuestras Deidades. Como decía Euentia, Ollam de nuestra Orden, al referirse a nuestras Deidades:

“…son como son, se les reza y se les ofrenda pero ellos actúan a su modo. No te cae el maná del cielo, a veces su forma de actuar nos parece injusta pues vemos que nos ponen más trabas que ayudas, pero gracias a esas trabas avanzamos y nos superamos. Si esperas de las Deidades que sean misericordiosas* entonces el Druidismo no es para ti.”

*Entendiéndose misericordiosas, en el sentido cristiano, es decir, para el cristianismo, la misericordia es un atributo divino entendido como sinónimo de consideración y perdón, que los fieles piden a Dios para que éste tenga piedad por sus pecados y sus desobediencias. La Divina Misericordia es en principio la devoción que sienten los cristianos por la misericordia de Dios que confían en el perdón de sus pecados mediante la salvación. Dado que en Druidismo no existe esta relación de obediencia/desobediencia ni por tanto las consecuencias de pecado o falta, la misericordia así entendida no tiene sentido. No confundir por tanto la actitud misericordiosa de una Deidad que la coloca en el posicionamiento de juzgar y perdonar unas faltas de sus creyentes con una actitud compasiva o fraternal. Las Deidades si ‘sienten compasión’, igual que ‘sienten cólera’ aunque ni una ni otra sean asumibles a sus homólogas sensaciones humanas. Las Deidades nos pueden responder de una manera u otra y finalmente, todo dependerá también, de como dicha respuesta sea percibida por nosotros.

En cuanto a si las Deidades esperaran a que todo se extinga para intervenir, la respuesta es NO, como hemos aclarado anteriormente. La intervención de las Deidades es constante. Es irrelevante el momento en el que el Mundo que conocemos se extinga. A cada disolución sucederá una nueva creación. Eso es presencia eterna de nuestras Deidades, indiferentemente del Mundo creado o disuelto.

En referencia al Infierno, decir de nuevo a los creyentes, que como bien sabéis el Druidismo no cree en una estancia llamada paraíso ni en una llamada infierno, dado que no cree en un premio o un castigo dependiendo de si se han seguido las normas de los Dioses. Los Dioses, no plantean normas ni juzgan a nadie. Están ahí, realizando su labor en tanto que Deidades. Que el humano siga buenos o malos preceptos morales es una vez más, su RESPONSABILIDAD. El cielo y el infierno lo crean los humanos, no los Dioses y se crea en nuestro propio Mundo, por nuestra propia voluntad. No les atañe a las Deidades el aprobar o reprobar el uso que hemos hecho de nuestra libertad. No esperéis, tras la muerte recompensas o castigos diferidos.

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La conclusión a la que llegan los creyentes después de realizadas estas reflexiones, suele ser que no son escuchados por los Dioses. Se sienten abandonados por ellos, no encuentran salida a sus dudas y en resumen se sienten solos y perdidos. Es entonces cuando toda la angustia se manifiesta en un grito desgarrador de socorro que se dirige a los propios Dioses, ya que consideran que no es posible continuar viviendo sin su ayuda. Es ese sentimiento de desatención el  que les puede llevar a abandonar su culto y  veneración. Incluso algunos de ellos abandonarán sus Creeencias Religiosas y la necesidad de su práctica. En resumen,  piensan que están solos y que la oración no sirve para nada.

Ante esta situación, es necesario recordar que si hemos comprendido bien todo lo que se ha ido explicando anteriormente, veremos que esta conclusión no es correcta desde el punto de vista de la Religión Druídica. No es correcta porque como dijimos, las Deidades sí que nos escuchan. El problema radica en que no esperamos la respuesta que obtenemos, ya que siempre esperamos una respuesta predeterminada, que es la obtención de lo pedido tal y como lo pedimos.

Recordad, los Dioses nunca nos abandonan. En todo caso, nosotros decidimos abandonarlos a ellos, relegándolos al olvido.

Entendemos que lamentablemente, cuando las personas se suelen dirigir a las Deidades es porque están sometidos a zozobras y dolores muy importantes en su vida. No pretendemos ‘ningunear’ el dolor y la angustia que muchos creyentes sienten cuando piden ayuda a sus Deidades. Comprendemos bien esa dureza ya que muchos de nosotros las hemos vivido en nuestras propias carnes, pero debemos entender que hemos de cambiar la ‘imagen’ que tenemos sobre los Dioses. No son humanos, no responden como humanos, no es aplicable una reacción ni una motivación humana pero eso no quiere decir que no formen parte de nuestra propia esencia. Todos llevamos mucho de ellos y cuando oramos a los Dioses oramos a una parte de nosotros y es esa parte la que esta, más o menos, en comunión con ellos y recibe los dones que nos envían. Es por ello que la Oración si que sirve y mucho, al igual que sirven las honras, las ofrendas y los sacrificios.

Recordad también, que las ayudas llegan mejor a aquel que trabaja por conseguirlas y siempre los Dioses tendrán mayor facilidad de impregnación hacia aquellos que les honran y comparten su vida diaria, antes que a los que solo llaman a su puerta para solicitarles una y otra vez, su intercesión. ¿Y eso porque? ¿Porqué son más solícitos, mas serviciales y los Dioses prefieren a sus elegidos, a sus sirvientes leales?…..ERROR. Eso sería una conclusión propia del considerar la Deidad bajo un aspecto humano. La Deidad se encuentra más cerca del que con mayor asiduidad está en comunión con ella. Podríamos decir ‘en sintonía’. Quien mantiene un continuo entre su yo deífico y la divinidad, estará más conectado para comprender y recibir los dones de la misma y por consiguiente, poder llevar a buena conclusión su demanda.

Esperamos haber sabido explicarnos con un poco de claridad en un tema que resulta complejo pero que es fundamental para el creyente ya que solo conociendo a nuestras Deidades y empezando a desarrollar una nueva manera de comunicación con ellas, podremos llegar a entenderlas y percibir mejor sus ayudas y sus limitaciones. Esto es algo fundamental en la relación teológica de las Religiones Politeístas. El cambio de la visión de Dios. Pasar de ser hijos menores de edad de un Padre Todopoderoso que hace todo lo que quiere por nuestro bien pero sin intervención humana a ser dueños y RESPONSABLES de nuestras decisiones en la Vida es para nosotros un signo de maduración del ser humano. Esta toma de conciencia de nosotros mismos, esta asunción de responsabilidad nos debe comportar comprensión hacia nuestras necesidades, hacia nuestras actuaciones y como no, hacia nuestras peticiones de diálogo con las Deidades.

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