Concepción Politeista

“ Ante todo, el monoteismo, “vehículo de la obsesión de lo único y de lo homogéneo”, cae bajo la sospecha de actuar como un reductor de la variedad y de la riqueza del mundo. Obliga a un alineamiento por un modelo centralizador y proporciona así al totalitarismo su pundonor teológico. Actúa como un rodillo comprensor que hace doblar las cabezas y los corazones a la afirmación de una revelación única supuestamente destinada a todos. La unicidad de Dios conduce así a la unidimesionalidad del hombre. Al negar que cada pueblo y cada cultura puedan segregar los Dioses que más les convienen, suprimen la polifonía de la vida real a favor de la monotonía de una revelación imaginaria.

Por el contrario se alaba al politeismo por su adhesión entusiasta a lo múltiple “Son ‘paganos’ todos aquellos que dicen ‘sí’ a la vida aquellos para quienes ‘Dios’ es la palabra que expresa el gran ‘sí’ a todas las cosas” . En vez de santificar un solo ser, Señor separado y elevado, el politeismo sabe sacralizar de nuevo la diversidad, la cualidad de todo lo que vive en la Tierra, cercano y familiar: los árboles y las fuentes, los astros y las estrellas, la tierra fecunda y el cielo admirable.

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El Monoteismo como todo totalitarismo es intolerante. Dondequiera que se extiende crea, o bien mártires en tiempos de persecución o bien inquisidores en tiempos de triunfo. Se entrega a una evangelización opresora cuando no lanza anatemas destructores. Al desplobar al Mundo de sus Dioses, lo asfixia con su único Dios. Por rechazar el sincretismo, obliga a la arrogancia del monopolio. Al negar que lo real consiste para siempre en un pluralismo de valores, a la vez ambiguos, complementarios y antagónicos, se niega a ver que su afirmación de una verdad única ha sido y es aún la fuente más profunda del fanatismo. El monoteismo, sobre todo si hay juntos varios monoteismos y diversas opciones, es fuente de guerras irreductibles .

El politeismo, por el contrario, admite la coexistencia de diversas culturas, mitologias y sensibilidades que son perspectivas posibles sin que ninguna de ellas pretenda ser la única verdad. No persigue a los ídolos en nombre de un cierto Dios único. Reconoce por doquier a Dioses que pueden coexistir juntos. En el Gran Crisol politeista cada uno se sobreañade sin diluirse ni aplastar. No hay arrogancia alguna en la libre circulación de las diferencias y de las alteridades de lo sagrado natural, mientras que la santidad del único, cualquiera que sea la humildad de que hace alarde, actúa como terror inevitable. “

“Initiation a la practique de la Théologie. Volum.III. Dogmatique 2”
Sección: CONCLUSION
DIOS Y EL PENSAMIENTO HUMANO. DIOS UNO Y TRINO
Capitulo 2: -Dios Unico- Parágrafo: -La situación Cultural-
Autor: – ANDRÉ DUMAS
Les Éditions du cerf. París 1983

Hemos querido iniciar este apartado referente a la concepción Politeista, con las palabras propias de un libro de teología cristiana para dejar claro que la atrasada concepción teológica que establece la superioridad metafísica del Monoteismo es, actualmente, considerado como inconsistente y falto de veracidad por los propios teólogos monoteistas.Alejemos pues de nuestra mente las concepciones decimonónicas según las cuales la evolución del pensamiento religioso es consecuente al grado de evolución o progreso cultural de la sociedad, entendiéndose este por los avances conseguidos en materias de bienestar, riqueza y sabiduría científica. Dicha evolución religiosa se iniciaría en el animismo (etiquetado como estadio primitivo) para ir evolucionando hacia el politeísmo, de ahí pasar al monoteísmo y acabar en el ateismo.

Ciertamente esta idea continua muy arraigada en la mayoría de las personas y como hemos visto es TOTALMENTE falsa. El politeísmo NO es propio de un estado primitivo del sentimiento religioso, aseveración que comparten actualmente hasta los propios teoólogos monoteistas. Así que de una vez por todas, desprendámonos de las vendas impuestas y veamos sin prejuicios y con respeto este sentimiento religioso, que impregna – como es nuestro caso – la Espiritualidad Celta.

Se entiende por politeísmo la doctrina religiosa cuyos seguidores creen en la existencia de múltiples Dioses o divinidades organizadas en una jerarquía o panteón. No se entienden dichas Deidades como una simple diferencia de denominación, como una lista de apodos o pseudónimos, todos igualmente válidos, que plasmen un mismo concepto teológico sino que se trata de diversos Dioses con características individuales claramente identificables. Por su mismo fundamento, el politeismo es profundamente tolerante y característicamente antiproselitista. La coexistencia de Deidades las cuales cada una puede ser más o menos venerada por sus creyentes, establece una normalidad en la diversidad de creencia allí donde otros verían una competencia y una traición hacia su Dios.

En el politeísmo cada deidad puede ser honrada e invocada de manera individual dependiendo de los aspectos que se le atribuyan. Una variante de politeísmo es el henoteísmo donde una deidad ocupa un lugar de preeminencia y veneración por encima de las demás, pero este no suele ser el caso de la mayoría de las Tradiciones Druídicas. Es innegable que después de milenios de monoteísmo, actualmente nuestra relación espiritual hacia las Deidades está muchas veces ‘contaminada’ por una visión monoteista. Es por ello que no siempre comprendemos o accedemos correctamente a nuestras Deidades y es frecuente encontrar en el pensamiento común de los creyentes ‘pequeños monoteismos’ hacia cada una de las Deidades, olvidando que sus prerrogativas y formas de interceder en nuestro Mundo, así como sus necesidades o sus requisitos son diferentes a los que identifica al Dios Único.

En el Monoteísmo, el Dios es Omnipotente y Omnisciente, nada se mueve a su alrededor sin su consentimiento, todo pasa porque el quiere que pase. Este es el origen de la famosa paradoja religiosa. En el Politeismo por contra, si bien en ciertas Tradiciones se baraja la idea de Deidades Omniscientes que todo lo veen o todo lo saben, el poder fáctico de la Deidad puede tener sus límites (empezando por los ‘poderes’ asumidos por otra Deidad coexistente de su mismo panteón). Esta falta de Omnipotencia es la que nos obliga a tomar las riendas de nuestra Vida. Las Deidades nos ayudan, nos aconsejan e incluso podríamos decir que nos condicionan pues sus diferentes dones (iluminación, protección, etc) tienen como finalidad reforzarnos ante la lucha de la Vida pero NO la de luchar por nosotros. Esta idea de impotencia (relativa) en una Deidad es nueva para muchos pero por encima de todo, Deidades incluidas, existen las complejas tramas que urden el Destino y eso es algo a lo que ninguna criatura puede escapar.

Entendemos que pasar del Monoteísmo al Politeísmo es signo de maduración como ser humano. Pasamos de ser hijos menores de edad de un Padre Todopoderoso que hace todo lo que quiere por nuestro bien pero sin intervención humana a ser dueños y RESPONSABLES de nuestras decisiones en la Vida. Esta toma de conciencia, esta asunción de responsabilidad, nace de la propia tolerancia politeista. Una comprensión hacia nosotros mismos, hacia nuestras necesidades y nuestras actuaciones nos hace estar ineludiblemente próximos hacia los demás, lo que conlleva la empatía y la disolución de todo fanatismo. Ese sería el rasgo más determinante de una mente y un espíritu politeista.

“La intolerancia y el fanatismo característico de los profetas y de los misioneros de los tres tipos de monoteísmo, tienen su modelo y su justificación en el ejemplo de Yahvé”

Mircea Eliade
‘Historia de las Creencias y de las Ideas Religiosas’
Volumen 1

Olvidémonos pues de la tutela asfixiante Monoteísta para emprender el difícil camino del viaje en solitario. Es duro, pero reconfortante.

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