LAS VENAS DEL DRAGON

Desde la Antigüedad, los Druidas utilizaban la fuerza de esta Sangre para mantener el  Sagrado Equilibrio Creador en la Tierra

Las venas son los canales por donde circula la Sangre del Dragón, emanaciones energéticas poderosas que tanto pueden confluir en el exterior ocasionando una irrupción energética como pueden descender al interior creando un vórtice o “cueva”.

Desde la antigüedad, los Druidas, sabios Maestros de la Madre Naturaleza y de todo cuanto le rodea, utilizaban la fuerza de esta Sangre para mantener el Sagrado Equilibrio Creador en la Tierra. Para efectuar esta Armonización, el llamado ‘Diálogo con el Dragón’, los Druidas como excelentes  y profundos  conocedores del telurismo terrestre, utilizaban las construcciones megalíticas que los ancestros habían erigido.

Los Dólmenes por lo general tienen su eje orientado en dirección Sureste. Las líneas Hartmann alrededor de un dolmen se apartan en las cuatro direcciones, rodeándole y formando un caparazón  de protección energética cuya zona central  (bajo la Gran Losa) es neutra y en donde reina la calma. Es en definitiva un templo natural, armonizador y equilibrador.

Esta zona neutra, es conocida como “estancia dolménica” y se le asigna una polaridad negativa. El Eje Sureste-Noroeste, es el eje entre Mundos, es el Velo o Umbral. El Dolmen que esta cargado se convierte así en una cámara que da acceso al iniciado para penetrar en el Sedodumno o Sidhe de los Tuatha.

En una estructura dolménica desde el interior de la Tierra asciende una onda vibracional cuyo armónico sintoniza con otra medida espacio-temporal, pudiendo el iniciado sentir aspectos del pasado o penetrar directamente en otras realidades.

El punto de este vórtice de energía se sitúa a 1/3 de la altura de la cámara dolménica o zona neutra y es literalmente un agujero de entrada al otro Mundo.

¿Porque estas estructuras se realizaban en piedra?.

Hemos de tener en cuenta que la piedra posee dos características notables; primero, es un acumulador de energías cósmicas y telúricas y segundo, la piedra es una materia capaz de entrar en vibración. Es gracias a estas dos características que la losa superior del Dolmen, adquiere gran importancia. Cuando se abre una línea energética hacia la superficie, de forma especular, una línea energética celeste o cósmica desciende a su encuentro (como es arriba es abajo) de misma intensidad y polaridad inversa. 

Dicha energía de polaridad positiva, es detenida y acumulada por la Gran Losa. La Gran Losa, es utilizada para reestablecer la armonía vibracional positiva, lo cual regenera los nodos energéticos de los seres vivos, proporcionándoles en definitiva salud.

Precisamente aprovechando la energía de un dolmen activo y contagiándonos del egregor ancestral que desprende podemos conseguir una armonización de nuestro estado general de salud, impregnándonos de todo ese telurismo terrestre almacenado en esa matriz o receptáculo llamado dolmen y del telurismo cósmico proveniente de nuestro cielo, de nuestro universo, del cosmos.  

Las construcciones megaliticas interaccionan con los seres vivos, pero sobretodo interactúan con la Madre Tierra. Los dólmenes estaban casi siempre colocados en lugares privilegiados, en nudos de corrientes telúricas que pueden ser de muy diverso orden: ya sean corrientes cuyas fuentes profundas nos sean desconocidos, surgidos sin duda del magma central, o bien de otras, más fácilmente determinables, surgidas de capas freáticas subterráneas. Es en este lugar donde la corriente telúrica ejerce en el hombre una acción espiritual, el dolmen así  situado, “alienta el espíritu” y  recrea la caverna primordial donde el hombre va a buscar el don terrestre. 

Las corrientes de agua subterráneas originan multitud de radiaciones y cambios en el terreno por donde pasan, por ejemplo, si observáis los árboles que están al lado de una cauce de un río o los árboles que hay en la ciudad por encima del alcantarillado, podréis observar como muchos de ellos están inclinados en la dirección en que corre el agua. Incluso algunos tienen protuberancias que indican el efecto de dichas corrientes.

Tal y como comenta   Mariano Bueno, Director del Centro Mediterráneo de Investigación Geobiológicas: 

“ En zonas de gran radioactividad natural hallamos los lugares sagrados, zonas de culto milenario o de reposo de los antepasados. Nuestras mediciones actuales nos muestran fuertes anomalías geomagnéticas, elevados niveles de radioactividad u otras alteraciones geofísicas en tales asentamientos, que por regla general, fueron marcados por petroglifos, menhires, dólmenes, pirámides u otras construcciones pétreas que siguen indicándonos la presencia de algo especial, de una energía que convenía tener en cuenta o temer, según el caso”.  

Para los Druidas los Dólmenes, hacían una función más pasiva, como receptáculo de la energía cósmica y telúrica a la vez. Constituían así, el polo pasivo o femenino. El Menhir, por contra,  establecía el polo activo o masculino, siendo el  contrapunto megalítico que proporcionaba el equilibrio sagrado y la  armonización del terreno en donde vivían, cultivaban

y pastaban sus ganados, obteniendo por ello mejores cosechas y calidad de vida.  

Es por esta razón, que nuestros sabios ancestros llevaban a su pueblo a instalarse cerca de Dólmenes y Menhires con la certeza que a través de estas construcciones megalíticas vehicular izarían un medio de protección  para la subsistencia de sus campos de cultivo , así como del pasto de sus animales y de la salud de su tribu. 

El Menhir, contrariamente al comportamiento del Dolmen, atrae las Venas del Dragón, que se deforma para adaptarse a esa atracción. Por lo general se encuentran bajo el Menhir tres Venas tanto en sentido Norte-Sur como Este-Oeste, de modo que el Menhir queda intensificado por nueve nudos o cruces.  

Por lo tanto los menhires actúan como captadores y emisores de energías. Estas columnas de piedra tienen la función de captar y acumular las corrientes telúricas.

Si el Dolmen generaba un vórtice hacia el interior, el Menhir es literalmente un surtidor, una abertura para la energía concentrada en el cruce de nodos. Los ancestros, al ‘sacar’ esa energía del subsuelo lograban convertir en más fértil un perímetro dado con el beneficio que suponía para la agricultura y por consiguiente para la Tribu.  

El Menhir es una Salida, una irrupción energética que se canaliza con sabiduría. Como en el caso de los Dólmenes son por consiguiente puertas aunque de dirección opuesta. 

Un Campo con Menhires, es un campo profundamente energizado y ‘tratado’. Es un recinto donde el Dragón se manifiesta mientras que en el Dolmen o ‘cueva’, el Dragón dormía guardando el tesoro  (recordemos las leyendas de Dragones). 

La energía circula bajo el Menhir de forma espiral, con dos espirales bajo tierra y cinco arriba. Como toda emanación, la polaridad del Menhir es positiva. En definitiva, el Menhir viene a ser para la Tierra, una  gigantesca aguja de acupuntura.

El más grande, conocido a la fecha, es “Le Grand Menhir Brisé” o “Er Grah” cerca de Locmariaquer en Bretaña, el cual mide 21 metros de altura y pesa más de 300 toneladas. Este Menhir fue derribado por el clero.

En muchos casos los Menhires se encuentran en grupos, ya sea alineados en una sola línea, en varias líneas paralelas como el caso de Carnac, o dispuestos en círculos, dependiendo de la zona que se quiera generar. No es lo mismo fertilizar una Tierra evitando su inundación (los bloqueos de cruces Hartmann frenan las corrientes freáticas) que elaborar un recinto Sagrado, un lugar donde la energía telúrica se manifieste y podamos ‘comunicar’ con los Dioses. El Menhir, neutraliza la actividad de los cruces energéticos provocados por las corrientes subterráneas y distintas ondas sacándolas hacia el exterior. El menhir señalaba los lugares en los que las “corrientes fecundantes eran particularmente activas”. 

Para Miguel Serrano los menhires se clavaban en sitios específicos para evitar inundaciones, hundimientos y otras catástrofes, mientras que los dólmenes servían para la transformación espiritual del iniciado.

En definitiva, los monumentos megalíticos fueron estudiados y reutilizados de manera profunda por los Druidas para conseguir armonizar la Tierra y sus criaturas. Además, también los utilizaban para sus actos mágicos, ya que dada su energía, se servían de un gran canal que potenciaba las invocaciones a sus Dioses y a los elementos de la naturaleza. Es por ello, que puestos en pie desde la Gran Losa de los Dólmenes celebraban ciertos ritos de evocación. Cerca de los Dólmenes  y en las piedras circundantes, pueden observarse en muchos de ellos, una especie de receptáculo hecho en la propia piedra, llamado cazoleta, que era donde según la leyenda,  los Sacerdotes hacían las mezclas para sus pócimas, elixires, etc…  

Más adelante, los templos substituirían a Dólmenes y cromlechs, como el de Stonehenge. Olvidaríamos la Astronomía celeste que regían estas Grandes Estructuras al igual que dejamos de sentir como vibran los Dólmenes y Menhires de señalados centros terrestres, al ser mojados por el rocío o “agua de la luna”.

Para facilitar la comprensión de lo que en este artículo se expone en referencia al telurismo, es conveniente aclarar conceptos.

¿Que es esto del telurismo?

Lo primero que se aprende al iniciarse en la radiestesia, es que todos los cuerpos emiten unas ondas o radiaciones que el instrumento radiestésico traduce mediante una serie de movimientos. Los radiestesistas, en su afán por catalogar cuanto se ponía bajo su péndulo o varilla, fueron clasificando todos los cuerpos según sus radiaciones, llegando al extremo de afirmar que cada persona, enfermedad, medicamento u objeto, emite ondas particulares. No es de extrañar, entonces, que intentaran hallar la radiación de cualquier anomalía detectada en uno u otro lugar. Así fue como percibieron reacciones con sus instrumentos en el emplazamiento de las camas de algunos enfermos, y comprobaron que al hacerles desplazar la misma, o cambiar de habitación, se conseguían abundantes casos de mejoría y curación. Las radiaciones causantes de dichas perturbaciones fueron llamadas “ondas nocivas”.

Las primeras observaciones científicas sobre las influencias nocivas de los suelos de las habitaciones, y las perturbaciones que provocan, se atribuyen a un sabio inglés, el doctor Haviland, quien a finales del siglo pasado presentó varios de sus trabajos a la Sociedad de Medicina de Londres. Apenas le hicieron caso.

En el periodo de entreguerras, un ingeniero francés apasionado por la radiestesia, Henri Mager, percibió la existencia de un determinado tipo de radiación en el suelo de algunos terrenos. Constató que formaban como una “red” de mallas relativamente regulares y que su máxima  intensidad se centraba en los puntos de intersección de las líneas de la red. Mager limitó sus investigaciones a determinados lugares: suelos muy mineralizados, arcillosos o que presentaban excesos de agua. Fue el doctor Peyré, un médico del municipio francés Bagnoles-de-L’Orne, apasionado por la radiestesia, quien enunció la hipótesis según la cual esa cuadrícula energética circundaba todo el planeta:

Se trata de una radiación norte-sur, aparentemente magnética y causada por el magnetismo terrestre, y una radiación este-oeste, perpendicular a la primera y de apariencia eléctrica. Son radiaciones rectilíneas, por lo que no pueden ser debidas a distintas influencias telúricas, como la composición del suelo o a presencia en el subsuelo de fallas o corrientes de agua subterráneas, que son siempre sinuosas y surcan la corteza terrestre siguiendo un recorrido variable, en función de los accidentes del suelo. (Esas nuevas radiaciones) cubren nuestra esfera de una red que marca zonas cuadradas neutras, compartimentando el suelo y elevándose en la atmósfera, entrecruzándose en dirección norte-sur y este-oeste… 

Sin embargo, el verdadero emprendedor de las investigaciones sobre esta red de energía fue un médico alemán, el doctor Ernst Hartmann. El  Dr. Hartmann trabajo por más de diez años en el estudio de las influencias del medio ambiente en el hombre, principalmente las del subsuelo. En 1935, tras numerosas experiencias efectuadas en la ciudad en la que ejercía, llegó a la conclusión de que la salud física y mental de una persona depende del lugar en el que vive, duerme y ejerce su actividad. Junto con un equipo de físicos y médicos, y tras numerosos experimentos, concluyó que “la tierra está recubierta por una red global de ondas fijas que parecen ser producidas por una radiación terrestre que proviene del interior del planeta y que se ordena en forma de retícula al atravesar las capas de la corteza terrestre”.

El Dr. Hartmann y su equipo midieron la resistencia del cuerpo humano y las variaciones que ésta experimentaba al desplazarse una persona dentro del área estudiada. Se encontraron así puntos donde se registraban alteraciones
bruscas en las mediciones. Al marcar estos puntos sobre un plano, vieron que estos conformaban una especie de cuadrícula o retícula, es decir, constituían los puntos de intersección de unas hipotéticas líneas de fuerza o energía, dispuestas en forma de malla o red. La existencia de estas líneas ha sido corroborada por posteriores investigaciones

El arquitecto Rémi Alexandre la definió como una cuadrícula de radiaciones o zonas de perturbaciones cosmo-telúricas, como una inmensa telaraña tejida a escala de todo el planeta.

De hecho, esa extensa red estaría compuesta de varias rejillas que se superponen e interfieren. Podría decirse que todas forman una rejilla global biológicamente activa. El doctor Hartmann constató que esa “rejilla” global constituye un vasto conjunto de “paredes invisibles”, como una red o una cuadrícula de dimensiones supuestamente fijas. Dispuesto sobre el suelo, se le encontraría elevado en toda la biosfera.

Las líneas Hartmann se pueden concebir como paredes de energía sutil emanando del subsuelo y extendiéndose verticalmente hasta una altura de 2,000 metros. Esta red se puede detectar en todas partes, tanto en terreno llano como en la montaña, en el agua, en el exterior y en el interior de las viviendas. Si éstas son de varias plantas, está verticalmente presente en los mismos lugares de cada nivel. Estas líneas o bandas se orientan en función de los polos geomagnéticos; corren

Paralelamente en direcciones norte-sur y este-oeste. Su intensidad y densidad son muy variables, dependiendo de innumerables factores como son la hora del día y los cambios atmosféricos. No obstante se establece una constante de unos 21 cm de espesor y su disposición paralela a intervalos de 2.5 m en las orientadas norte-sur y de unos 2 m en las orientadas este-oeste. Se les ha llamado también “Constantes Vitales Terrestres”, pues su armonía o distorsiones nos muestran el grado de equilibrio o de desequilibrio de un lugar o sus alteraciones en un determinado momento. Por ejemplo, el espesor de las líneas puede ir de 21 a 80 cm durante un eclipse solar o hasta 120 cm durante un movimiento sísmico.

Tampoco hay que imaginarse la red Hartmann como una trama geométrica que se proyecta en mallas regulares sobre la superficie del planeta. Su trazado tiene múltiples ondulaciones, contracciones, accidentes diversos e incluso interrupciones puntuales. Con lo que se compara mejor es con una red o una rejilla.

Esta trama delimita tres zonas de distinta irradiación:

— Las “paredes” en longitud. Su intensidad es demasiado débil para molestar al hombre. De todos modos, a veces la información radiestésica pone de manifiesto una actividad nociva en su vertical, procedente de una interferencia entre las asimetrías del subsuelo y de la red H propiamente dicha.

— Una zona neutra. Es la parte delimitada por las “paredes de la cuadrícula”. En su interior se encuentran más armonizadas las constantes biológicas del individuo; se puede decir que es un área particularmente benéfica, donde se pueden recuperar las energías perdidas.

— Los cruces Hartmann. Son las intersecciones de las líneas de fuerza de la red, que forman cuadros de 21 cm de lado, donde la energía es más intensa, se hace notoria y perjudicial.

Los geobiólogos actuales califican esos cruces Hartmann de “puntos geopatógenos”. Consideran que cuando influyen prolongadamente sobre un organismo, ya sea vegetal, animal o humano, pueden favorecer la aparición o evolución de enfermedades. Un cáncer o una depresión nerviosa profunda no se generan sentándose un par de horas en un lugar así; a veces deben pasar varios meses o años, para que se manifiesten trastornos, enfermedades crónicas o afecciones agudas. Eso se produce principalmente cuando el punto geopatógeno corresponde al emplazamiento de una cama o de un puesto fijo, de un trabajo, por ejemplo. Añadamos que los cruces Hartmann no son obligatoriamente generadores de enfermedades o nocivos, sino que pueden serlo en determinadas condiciones; específicamente cuando dichos cruces coinciden con venas  de agua subterráneas, fallas geológicas o algún otro tipo de perturbación subterránea. En estos casos, es cuando los efectos son más notorios y perjudiciales.

Dado que la red Hartmann es una cuadrícula que se extiende sobre la superficie habitable en rectángulos de 2 x 2.5 metros, más o menos regulares, es inevitable que en un dormitorio haya uno o más cruces H. Es absolutamente imprescindible evitar que la cama se encuentre en la vertical de uno de ellos. Desde hace unos veinte años, el Instituto Suizo de Investigaciones de Geobiología de Chardonne, dirigido por Blanche Merz, realiza estudios médicos sobre las nocividades relacionadas con los cruces Hartmann y otras aberraciones telúricas. Han encontrado que, en la mayor parte de los casos, basta con desplazar la cama de los enfermos para constatar una mejora de su estado, iniciándose un proceso de curación.

En un cruce de líneas Hartmann, sobre una zona geopatógena debida, por ejemplo, al paso de dos corrientes de agua subterránea que se cruzan, se observan alteraciones en la emisión de radiación gamma e infrarroja. Estas radiaciones de alta frecuencia se vuelven muy agresivas para el ser humano, cuando se dan también perturbaciones metereológicas, produciendo grandes variaciones de las constantes vitales del individuo, que se traducen en excitación e irritación continua de sus células nerviosas.

Una de las hipótesis de trabajo sobre la red H establece que estas líneas de fuerza o energía transportan o disipan de alguna manera los excesos energéticos terrestres, ya sean éstos de origen natural o artificial (como el caso de los transformadores y líneas de alta tensión, etc.). Las pruebas que apoyan esta hipótesis se encuentran en las mediciones efectuadas en presencia de fuerte contaminación electromagnética artificial. Se observa allí que la estructura de la red H se condensa, apareciendo con separaciones de tan sólo 1.5 m e incluso menos.

La detección de la red Hartmann requiere de cierto entrenamiento, así como un concepto claro de lo que se busca. Como ya se explicó, estas redes tan solo son nocivas en la medida que se superponen a otras anomalías telúricas mucho más fácilmente detectables. Los sistemas electrónicos empleados en el laboratorio para su detección, como los georritmogramas, medición de radiación, receptores de onda corta adaptados, etc., no son de fácil aplicación y su uso, aparte de su complejidad, requiere muchas horas de trabajo. Pero el propio doctor Hartmann ideó un sencillo instrumento que recibe el nombre de varilla Hartmann o lóbulo antena. Con su empleo adecuado, permite una detección clara y precisa de la red en pocos minutos.

Los perjuicios fundamentales que ocasionan tales zonas de perturbación son de carácter desvitalizante, y van desde la astenia, trastornos cardíacos, renales, vasculares, respiratorios, gástricos o metabólicos, hasta dolencias crónicas graves como el cáncer. Parece que en locales de proporción áurea no existen perturbaciones (relación: altura 3m, anchura 4m, longitud 5m). Las casas de planta circular o hexagonal son favorables en este sentido.  

A partir de aquí pueden  practicarse numerosos ejercicios iniciáticos así como meditaciones que nos hacen rellenarnos de esa energía universal, recuperando nuestro propio equilibrio energético.   Si tenéis ocasión de visitar algún dolmen, aunque muchos de ellos están semidestruidos y nuestra administración los ha relegado muchas veces al olvido, haced la siguiente prueba:

“Poneros tumbados boca arriba en la losa de cubierta del dolmen, con las piernas y brazos extendidos. Cerrar los ojos e intentad captad la energía durante unos minutos, seguidamente entrareis dentro de la cámara y haréis lo mismo tumbados o sentados. Si el dolmen todavía esta cargado, notareis esa energía”.



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Categorías: Megalitismo | Deja un comentario

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